sábado, 15 de julio de 2017

TIEMPO DE LLUVIA

El  cielo, ennegrecido
por tupidos nubarrones,
va anunciando chaparrones
con relámpagos seguidos.
Muy cerca se escucha el ruido
de un molino que está abierto
y en ese raro concierto
con la música del viento,
él le sirve de instrumento
y anuncia que está despierto.

Va buscando refugiarse
la hacienda, pa’l lao del monte,
y se ve en el horizonte
que’l agua empieza a largarse.
Queriendo acomodarse
pa’ esperar el temporal,
alguno que otro animal
ya le va poniendo el anca
como si fuera una tranca
para este día infernal.

La peonada en el galpón
está guardando el apero
al ver que ya el aguacero
se largó sin compasión.
Después, prendiendo un fogón
se forma una rueda flor
donde no falta el cantor
que animando ese momento,
pone todo el sentimiento
y canta como el mejor.

En un continuo hamacar
los sauces besan el suelo
y sienten el desconsuelo
de su raíz aflojar.
Pero todo ha de pasar
y tal vez mañana el día
volverá con alegría
de un sol lleno de tibieza,
y hará olvidar la tristeza
del viento y el agua fría.

Versos de Hebert Colombo

                 (Castelli, Bs. As.)

jueves, 13 de julio de 2017

TRANQUERA DE ALAMBRE

1
Ya nadie más te arregló
tranquera vieja de alambre,
cuando un mancarrón con hambre
las varillas te pisó.
Una soga te amarró
contra aquel poste machazo,
y un cuatrero apuradazo
la cortó con el cuchillo;
desde entonces un yuguillo
le daba al palo un abrazo.
2
Por vos la chata cargada
vi salir a rueda muerta.
Cien veces te dejé abierta
y otras tantas mal cerrada.
Y aparto de la manada
de recordaciones viejas
esa vez que con las rejas
del herrero regresé…
por dejarte sin el pie
se salieron las ovejas.
3
Por vos dentro una mañana
la sembradora nuevita
con la pintura fresquita,
cuando la trajo Quintana.
Por vos se jue la alazana
que después volvió con cría…
por vos dentraba y salía
el panadero en su carro;
y si había mucho barro
por un mes no aparecía.
4
En tu palo me afirme
una vez bajo la luna
cuando no tuve fortuna
en un baile al que llegué;
y a gatas te desaté
otra noche medio extraña
en que pude darme maña
para abrirte con trabajo,
cuando el matungo me trajo
medio vandiao en la caña.
5
Cuántas güellas polvorientas
en vos tuvieron final.
Por vos salió aquel mensual
cuando le dieron las cuentas.
Por  vos las yeguas sedientas
dentraban en los veranos
y aquel comprador de granos
que pa’ dentrar te ladiaba
al dirse no te cerraba
pa’ no estropiarse las manos.
6
Por vos pa’ las elecciones
dentraban con los retratos
de todos los candidatos
pa’ conversar con los piones…
y haciéndose los gauchones
se venían de alpargatas…
las que no por ser baratas
sirven pa’ disimular;
es difícil contrariar
las costumbres de las patas.
7
Con la cara satisfecha,
por vos dentro el chacarero,
con el auto aquel primero
cuando pegó esa cosecha.
Parecías más estrecha
cuando salía una tropa;
y mi añoranza galopa
por un día de chaparrón,
cuando te abría algún pión
que había llegao hecho sopa.
8
Por vos los enamoraos
con esperanzas pasaron.
Por vos en el sulki entraron
los novios recién casaos.
A mercachifles cargaos
le diste entrada y salida
y en la última partida
con un perro de cortejo
por vos salió “El Vasco” viejo
cuando se jué de la vida.
9
Llegó el progreso ladino
y vos, que a nadie atajaste,
también dentrar lo dejaste
tranquerita del camino.
Una de madera vino
que con cadenas se aferra,
y con un candao se cierra;
lo que no pasó con vos,
en los tiempos en que Dios
andaba sobre la tierra.
10
Hoy te hago esta humilde rima
tranquera como un consuelo;
yo que te dejé en el suelo
y te pasé por encima.
Ya que el recuerdo me arrima
con el tordillo cansao,
frente a vos me he desmontao,
porque en el alma te llevo,
y quise abrirte de nuevo
para entrar en el pasao.


Versos de Luis Domingo Berho

lunes, 10 de julio de 2017

LO QUE SOY

Yo nada soy, a mi ver,
nada tengo y nada valgo,
más, si ser nada es ser algo,
algo también debo ser;
pero sí, soy el que ayer
en la aurora de su edad,
admiró la realidad
del que ser gaucho sabía,
cuando la patria vivía
en mayor intimidad;

cuando no había entrevero
de costumbres importadas,
que tienen como aplastadas
tradiciones que yo quiero.
Soy el hijo de estanciero,
de aquella estancia primera,
formado en la verdadera
lucha del hombre rural
y aunque hago vida social
canto con ciencia campera.

Yo soy nativo uruguayo
siendo mi madre porteña,
por eso mi “santo y seña”
es “veinticinco de Mayo”;
de frente y no de soslayo
miro a este suelo divino,
defiendo de él lo genuino,
lo tradicional que quiero,
por lo que me juego entero
como el mejor argentino.

Yo sostuve una contienda
con las lluvias y el pampero,
con los solazos de enero,
con la siembra y con la hacienda,
y quiero que se me entienda
que el campo he bien conocido,
que lo conozco florido
como mustio y desolado
que es mi orgullo haberlo andado
y orgullo haberlo vivido.

Yo sé vestir con soltura
traje de campo completo,
y no caigo, por respeto,
disfrazado a la llanura;
brich, campera y montura
jamás me dio por usar,
y no me habrán visto andar
manga corta y escotado,
ni en cabeza, engominado,
porque el campo es profanar.

Yo conozco en general
todo trabajo campero,
se plantar un esquinero
como lidiar un bagual;
pero un detalle total
de lo muy mucho aprendido
sería largo y repetido,
ya que mis composiciones
no son charlas de fogones
sino cosas que he vivido.

No acepto que alguien se atreva
a dudar de lo que digo,
mi conciencia es mi testigo
y lo que escribo es mi prueba;
yo soy el que siempre lleva
verdad y honor como guías
y a esas dos cosas bien mías
mi dignidad va reunida,
que en el cielo de mi vida
lucen cual las “Tres Marías”.

Y dejo así establecido
para ese eterno mañana,
que tengo un alma paisana
y que bien de campo he sido;
que soy cardo florecido
allá en la agreste lomada,
que soy como esa cañada
que corre sin hacer ruido,
porque jamás he tenido
la vanidad por cascada.
Versos de Charrúa

miércoles, 5 de julio de 2017

TEMBLANDO

¡Linda estaba la tarde que la vide
el patio de su rancho acomodando,
y anque guapo pa’ todo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

¡Estaba como nunca la había visto:
vestido livianito de saraza,
con el pelo volcao sobre los hombros:
era una virgen qu’encontré en la casa!

¡Ni ella, ni yo, ninguno dijo nada;
con sus ojazos me siguió quemando…
dejó la escoba que tenía en la mano,
me quiso hablar, y se quedó temblando!

¡Era el recuerdo del amor primero,
amor nacido a nuestra edad temprana,
como esas flores rústicas del campo
que nacen de la noche a la mañana!

¡Amor que estaba oculto en los adobes
de su paterno rancho tan sencillo,
y en la corteza del ombú del patio
escrito con la punta del cuchillo!

Me di güelta pisando dispacito
como quien desconfea de un trampa,
envolviendo recuerdos y emociones
entre las listas de mi poncho pampa.

No sé qué me pasó; monté a caballo
y salí galopiando a riendas sueltas,
con todos los recuerdos y emociones
que’n las listas del poncho saqué’nvueltas.
…………………………………………
¡Linda estaba la tarde la vide
el patio de su rancho acomodando,
la tarde que anque guapo me sentía…
no pude hablarla y me quedé temblando!

Versos de Charrúa

miércoles, 28 de junio de 2017

MIS PINGOS

Aura años en “La Amarilla”
allá por ‘el monte hachao’
yo tuve un entrepelao
que era flor en mi tropilla;
rabicano, testerilla,
medias botas, muy lindón,
de enderezarlo a un fogón
por la apuesta más absurda
¡si era como hachazo’e zurda
dende que jue redomón!

También tuve un colorao
que le llamaba “Reflejo”
hasta en la cancha parejo
largándolo bien pisao;
como una guinda, agamao,
pingo de laya en la Estancia,
añudando a su arrogancia
la guapeza que tenía,
iba en él ande quería
sin preguntar la distancia.

Amansé un bayito overo
hijo’e la yegua madrina,
tiznau la cabeza y clina,
me salió guapo y ligero;
le llamaba el “Ñanducero”
porque en esas correrías
aunque durasen dos días
nunca lo vide aplastao,
y a más de un pingo mentao
le ganó en las pulperías.

Me acuerdo de un malacara,
zarco de uno, acodillao,
y de un rosillo nevao,
de lanciar con la tacuara;
a cualquiera que enfrenara
si me tocaba enlazar,
podía pronto bajar,
atarlo’e la rienda al lazo,
y confiao en el pingazo
correr y desgarretar.

 Y aura, solo, ricordando
los pingos que yo tenía,
es como si una alegría
dentrara en mi alma escarciando;
y después sigo pensando
y tengo que entristecer,
lloro esos años que ayer
jueron gloria en “La Amarilla”,
porque haciendo carretilla
se han alzao pa’ no volver…
Versos de Charrúa

domingo, 25 de junio de 2017

CHAPUCERO

Bueno, m’hijo, escuchemé:
quiero dejarle de herencia
un puñado de experiencia
que en la vida coseché.
Soy su Tata y, creamé,
su amigo y su compañero,
y por lo tanto lo espero
ponga sus cinco sentidos.
Haga honor a mi apellido,
no pase por chapucero.

Si es que le toca enlazar
campo afuera un yeguarizo
dele lazo, que es preciso
más de un tirón evitar.
Tenga cuidao al carnear
porque el matambre no es cuero;
no lo corra al que es ligero
cuando es larga la campaña.
Debe el hombre darse maña,
no pase por chapucero.

Si su afición es domar,
dejé en la tranquera el chucho.
Entregue, si agarra muchos,
pingos mansos, de enlazar.
Si se ofrece jinetear
defienda el unco y el cuero,
hache grande, a lo campero…
cuide m’hijo, su picana:
no quiero que hoy o mañana
pase por un chapucero.

Si cái a’lguna pialada
de convite puerta afuera
pongaseló hasta la pera
de revés con llamaradas;
dele yapa que en la armada
se ve el que no es ventajero,
afírmese en el culero,
largueselé a la retranca,
que castigue con el anca…
No pase por chapucero.

Atienda bien lo que digo:
y respete en sus andanzas,
que el abuso de confianza
será su peor enemigo.
Eso sí, no busque abrigo
ni se me esconda a lo tero;
y si hay que jugarse el cuero
con razón, ni busque cancha:
donde quiera haga pata ancha…
¡No pase por chapucero!


Versos de Julio Secundino Cabezas

sábado, 24 de junio de 2017

MARCAS DEL TIEMPO

Galpón de la estancia vieja
al abrir tu puerta oscura
siento la triste amargura
de una vida que se aleja.
En tu paré se refleja
todo un tiempo amontonau,
la humedá que se ha ganau
te saca el revoque a gatas
y asoman las alpargatas
en barro crudo asentau.

Al mirar hacia un rincón
donde hay manchas de humareda
en donde más de un linyera
le diera vida a un fogón;
tan solo quedó un cajón
comido por las poliyas
con herraduras, variyas,
varios pedazos de fierro
y sin badajo un cencerro
quién sabe de qué tropiya…

Se ha tumbao una nortera
con el máiz amojosao,
una laucha la’aujeriao
pa’ verle un granito afuera;
del viejo arao de mancera
quedó la reja oxidada
y de aquellas choriciadas
tan solo quedan las cañas
donde las telas de arañas
tienen moscas enredadas.

Un catre patas gastadas
que ya no tiene remedio
con la lona desde el medio
al otro extremo rajada.
Sobre dé’l quedó tirada
una revista “El Hogar”,
hay un tarrito a la par
que todavía se conserva
de “Salus”, aqueya yerba
con la que aprendí a matear.

Entre la paré y el techo
el tiempo le dejó un hueco
donde con pastito seco
la ratonera hizo un lecho;
junto a ese nido maltrecho
están colgao los aperos,
resecos y cortao, fieros;
un freno copas de plata
y entre eso aparece a gatas
un par de zuecos tamberos.

Vuelvo a cerrarte la puerta
pa’ echar de nuevo cerrojo,
y una lágrima en los ojos
del letargo me despierta.
Verte así me desconcierta
mi vieja y gaucha guarida,
es que en cada atardecida
más lejos te estoy sintiendo
o será que están cediendo
los horcones de mi vida.


Versos de Enrique Mario Cabrera